5 julio 2017 Acción, Análisis, PC, PS4, RPG, Xbox One

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El nigromante es quizá uno de los arquetipos más singulares que podemos encontrar en los mundos de fantasía, y por tanto en los videojuegos. Su naturaleza oscura hace que ejerza un poderoso atractivo sobre los jugadores que ven en este tipo de personajes un campeón a medio camino entre el villano y el héroe. Su incorporación a Diablo II supuso un antes y un después y para muchos fue una decepción comprobar su ausencia en la tercera entrega de la saga.

A pesar de todo, Diablo III incluía referencias y apariciones de nigromantes en algunos de sus eventos, lo que sin duda agitó más a sus seguidores. Conscientes de este anhelo, Blizzard ha decidido publicar el primer DLC para Diablo III en el que se incluye por fin al nigromante como personaje jugable. Un contenido que se ha complementado con la publicación de un parche gratuito en el que se han introducido otras novedades interesantes para el juego. Más allá de estas cuestiones, procedemos a analizar en detalle Rise of the Necromancer.

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El nigromante es la clase más dinámica de Diablo III

Como señalábamos, el principal añadido de Rise of the Necromancer es la incorporación a Diablo III del nigromante como una nueva clase jugable. Esto se traduce en una nueva forma de afrontar el juego, ya que este personaje cuenta con una serie de habilidades y capacidades únicas que hacen que resulte diferente al resto de avatares de Diablo III, incluido el Médico Brujo. Una de sus particularidades es la gestión de dos nuevos recursos que constituyen el núcleo de sus habilidades necrománticas: la esencia y los cadáveres.

El primero de ellos es un recurso activo que se genera con el uso de determinadas habilidades, y que al mismo tiempo se consume por la utilización de otras. La gestión de la esencia es clave, aunque no resulta un proceso demasiado complejo ni exigente. Por otro lado, los cadáveres nos permiten utilizar otras disciplinas. Estos se generan cuando eliminamos enemigos y pueden ser utilizados en ese mismo momento para nuestros intereses. En este sentido, el retorno de la popular “explosión de cadáveres” de Diablo II regresa más espectacular que nunca, aunque quizá no tan devastadora como la recordábamos.

La naturaleza de estos dos recursos hace que cualquier enfoque que hagamos del nigromante en Diablo III sea muy activo e interactivo, siendo necesario utilizar nuestras habilidades de forma relativamente constante. Esto supone que el jugador tenga que estar atento si quiere conseguir una mayor eficacia. Además, el número de habilidades pasivas es escaso, y la mayor parte de ellas cuenta con algún tipo de activación, por lo que estamos ante una de las clases más dinámicas del juego.

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Como ocurre con el resto de clases del juego, el nigromante está acompañado de los contenidos vinculados a las mismas como los logros o las mazmorras de conjunto. Estas últimas constituyen desafíos que deben realizarse con un set de armadura concreto y que deben hacerse con unas condiciones y un tiempo determinado. Su dificultad no es demasiado elevada, pero aún así constituyen un pequeño aliciente para ver nuestra habilidad con el nigromante de Diablo III.

Los otros añadidos de este pack son interesantes para los más veteranos

En lo que se refiere al apartado visual, los años comienzan a notarse en Diablo III y aunque el resultado no es malo, está lejos de ser espectacular. Es cierto que las habilidades del nigromante son vistosas e intentan ir más allá, pero las limitaciones del motor gráfico comienzan a ser evidentes. A pesar de todo, estéticamente es un personaje con mucha fuerza y eso hace que gane bastante en el cómputo final.

Respecto a los otros contenidos introducidos en Rise of the Necromancer, podemos destacar los dos huecos adicionales para personajes así como dos nuevas pestañas para el alijo. A pesar de que puedan parecer algo sin importancia, los jugadores más veteranos de Diablo III agradecerán estas pequeñas mejoras, ya que tras muchos años de juego, pueden resultar bastante necesarias si no queremos deshacernos de equipo o de alguno de nuestros avatares para dejar sitio a otros.

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Conclusión

Rise of the Necromancer es un contenido interesante para Diablo III pero con ciertos matices. Aquellos jugadores que hayan exprimido al máximo y jueguen de forma habitual al juego tienen con este DLC un motivo más para seguir viviendo aventuras en el mundo de Santuario, acompañados en esta ocasión por una de las clases más icónicas de la saga. El conjunto de habilidades que presenta es variado y supone un nuevo enfoque, algo que que revitaliza la experiencia de juego para aquellos que ya tuviesen el resto de clases muy trilladas.

En este sentido, el nigromante puede resultar escaso para todos aquellos que jueguen de forma ocasional a Diablo III, ya que no ofrece nada especialmente revolucionario. Algo similar ocurre con el resto de añadidos del pack, cuyo atractivo y enfoque está dirigido a los veteranos. En cualquier caso, su precio tampoco resulta excesivo, por lo que los enamorados del nigromante pueden aprovechar para dar una nueva oportunidad al juego, aunque a sabiendas de que a nivel jugable no añade nada más.

Diablo III: Rise of the Necromancer ya está disponible para PC (14,99 euros), PS4 (14,99 euros) y Xbox One (14,99 euros).

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