
Diablo III es una realidad, y los doce años transcurridos entre esta tercera parte y la segunda están ya olvidados. Ha pasado mucho tiempo y las expectativas puestas en este título han sido abrumadoramente grandes, acrecentadas sin duda por la maestra dirección de Blizzard. Son muchos años en esta industria, y esta compañía conoce muy bien lo que quieren sus jugadores y lo que esperan de ella, pero ¿ha pecado de excesivo conservadurismo con Diablo III? Esta es una pregunta difícil, cuya respuesta intentaremos resolver a lo largo de este análisis.
El mundo de Santuario vuelve a necesitar de nuestra ayuda para terminar con los terribles peligros demoniacos, que vuelven a acechar al mundo en pos de su destrucción. Una vez más, seremos los héroes que nos interpondremos entre las hordas demoniacas para garantizar la salvación y la seguridad del mundo. Gancho viejo, pero efectivo, del que Diablo III vuelve a hacer uso para introducirnos en una historia mejor narrada que en entregas anteriores, pero con algo menos de fuerza, sobre todo en el desenlace. Héroes de Santuario, acompañadme en este viaje a través de las entrañas de Diablo III. Como de costumbre, el análisis lo encontraréis tras el salto.

Apartado técnico
Mucho se ha discutido sobre el apartado gráfico de Diablo III, criticándose su aparente falta de oscuridad. Las críticas han sido muy exageradas, y sería ingenuo asegurar que esta entrega de la saga Diablo es menos madura u oscura que las anteriores. Ciertamente, la paleta de colores es más pastel, heredera directa de la utilizada en World of Warcraft, pero acondicionada al universo tétrico de la saga. Hay que señalar, que también hay entornos muy luminosos, pero encajan dentro de un universo que se presupone que ha de mantener cierta coherencia.
Por otro lado, el diseño artístico es sublime y lleno de pequeños detalles que hacen que todos los mapas, personajes y enemigos tengan elementos únicos. Esto se traduce en un universo rico y vivo a la espera de que los jugadores lo descubramos. Además, hay que añadir que hay una enorme cantidad de animaciones y de interactividad con el entorno, lo que hace mucho más agradable y realista la experiencia de juego. Por no hablar de la inmersión que se logra sumando todos estos elementos que hacen de Diablo III la entrega más potente en este ámbito de la saga.

Hay que señalar, que el motor gráfico podía haber sido más ambicioso, pero es algo que entra dentro de ese conservadurismo que anticipaba al inicio del análisis por parte de Blizzard. La saga Diablo, y esta compañía en general, no han sido nunca especialmente punteras en este sentido, y Diablo III no es una excepción. Esto supone que este título pueda ser disfrutado por configuraciones de equipo relativamente modestas y con una gran estabilidad. Pero tenemos un pequeño problema en este sentido, derivado de una de las acciones más polémicas de Blizzard respecto a Diablo III.
Me refiero a la necesidad de estar conectado permanentemente a los servidores de la compañía para poder jugar a Diablo III. Esto supone que incluso aunque juguemos solos, podamos ser víctimas del lag o que cuando se produzca algún fallo en la red o los servidores de Blizzard, no podamos acceder al juego. Un gran contra, sin duda alguna, que no termina de explicarse de forma convincente, a pesar de ofrecer algunas ventajas al usuario como la casa de subastas online o una experiencia de juego multijugador libre de tramposos. Pero tampoco podemos olvidarnos de los continuos fallos que experimentó el juego en sus primeros momentos, producidos todos por la necesidad permanente de juego online. Una lacra que será rápidamente olvidada, pero que sí merece saberse y ser tenida en cuenta de cara al futuro.

Jugabilidad
Diablo III mantiene la jugabilidad clásica de la saga, a la que se han aplicado algunas modificaciones para adaptarlas a los tiempos que corren. El control del juego sigue realizándose de forma intensiva con el ratón, aunque con el teclado controlaremos algunas habilidades. Todo esto ha abierto nuevas estrategias de afrontar los desafíos, y hacerlo algo mucho más activo que simplemente machacar los botones de nuestro ratón. En este apartado, también se han oído muchas críticas respecto a la hipotética simplificación del título y de algunas de sus mecánicas clave, aunque una vez más, obedecen a criterios nostálgicos.
Es cierto que la asignación de puntos de atributo ha desparecido, pero en honor a la verdad, la asignación en anteriores entregas era algo mecánico y que siempre iba al mismo lado. Automatizarlo supone un problema menos para el jugador, y al mismo tiempo, dota de valor real a todos los atributos, a pesar de que cada clase tiene sus principales. Por otro lado, la asignación de habilidades se ha escalonado y se ganan cada nivel. De esta forma se establece una progresión en la que el jugador va conociendo poco a poco la clase que ha elegido para superar Diablo III. Además, es un sistema altamente flexible, que permite cambiar las habilidades siempre que queramos, con pequeñas excepciones, pero que nos permitirá probar cosas nuevas.
Por otro lado, Diablo III incorpora un sistema de creación de objetos más coherente que el que pudimos ver en Diablo II. La idea detrás de esta fórmula es bastante buena, ya que supone una vía alternativa por la cual podemos equipar a nuestro personaje. El problema es que hasta el último parche, resultaba un proceso extremadamente caro para unos resultados siempre aleatorios, que podían resultarnos útiles o todo lo contrario. En cualquier caso, esta es una de las grandes incorporaciones de este título a la saga y resulta altamente interesante. Además, lleva unido intrínsecamente a dar un uso al oro, que había tenido tradicionalmente muy poca utilidad.

En cuanto a las clases jugables, tenemos tres viejos conocidos y dos caras nuevas. Barbaro, Mago y Monje ya habían hecho su aparición en otras entregas de Diablo y sus roles están más o menos claros. Los nuevos fichajes han sido el Médico Brujo y el Cazador de Demonios, cuyos roles se parecen a otras clases anteriormente vistas, aunque con toques que los hacen únicos. Como podéis imaginar, todos ellos pueden acabar perfectamente el juego aunque cada uno destaca en algún aspecto, por lo que tendréis que jugar para ver cuál es el que se adapta más a vuestro estilo.
Por otro lado, tenemos la incorporación de la casa de subastas, que nos permite adquirir y vender aquellos objetos que ganamos a lo largo de nuestras aventuras por el mundo de Santuario. Es una herramienta bastante útil, aunque no es necesaria, y que permite ahorrarnos mucho tiempo o financiar nuestras aventuras. También está disponible una casa de subastas con dinero real, sobre la que ya he hablado anteriormente. No estoy ni a favor ni en contra, y desde el momento que es algo puramente opcional, no deja de ser un añadido interesante, nos guste más o menos.
En cuanto a la duración de Diablo III, es bastante variable según como os toméis este título. Si os limitáis a acabar el juego yendo lo más deprisa posible, os lo terminareis sin dificultad en unas diez o doce horas, pero si rebuscáis por todo el mapa y os tomáis algo de tiempo, perfectamente puede durar una veintena de horas. La duración aumenta exponencialmente si completamos posteriormente los otros niveles de dificultad que nos ofrece Diablo III, algo necesario si queremos llevar a nuestro personaje al nivel máximo, el 60. Además, esta entrega ha incorporado un nuevo nivel de dificultad, Averno, muy complejo y reservado únicamente para los jugadores que quieran exprimir al máximo el juego.

Pero no todo en Diablo III luce, ya que también encontramos algunos elementos que podían haberse mejorado. Uno de ellos, es quizá la progresión del juego y la repetición de escenarios anteriormente vistos en la saga. El mundo de Santuario es realmente inmenso, y parece mentira que Blizzard haya optado por repetir muchas de las ambientaciones de Diablo II, siguiendo un esquema bastante parecido. Todo esto hace que uno tenga la sensación constante de “esto ya lo he visto antes”. Arriesgar aquí no parece que generase muchos riesgos, pero parece que las nuevas ambientaciones se han reservado para futuras expansiones.
Otra de las pegas, que está intrínsecamente ligada a la esencia del juego es el tema de los objetos y de las recompensas y su aleatoriedad. En Diablo III, los objetos están generados íntegramente de forma aleatoria, salvo algunas excepciones, lo que crea una dualidad interesante: pueden salir cosas muy buenas o muy malas, siendo esto último lo más habitual. Aunque se ha intentado compensar con la incorporación de los artesanos al juego, sigue siendo necesario tener suerte para obtener los mejores objetos para equipar a nuestro personaje.
Sonido
Una vez más, Blizzard ha creado un entorno sonoro digno de mención, que termina de cohesionar todos los elementos anteriores de Diablo III para crear una experiencia de juego sobrecogedora. La banda sonora es muy buena, con un par de pistas de audio bastante memorables y que estarán presentes a lo largo de toda nuestra aventura. Esas serán las que más nos suenen, pero acompañándolas tendremos otras tantas melodías menores que amenizarán las horas que pasemos jugando a Diablo III.
En cuanto a las voces y efectos de sonido, una vez más tenemos un resultado a la altura de las expectativas. Las voces en español son bastante buenas, y salvo alguna que otra, están cumplen notablemente con su cometido. Tengo que hacer especial mención a las cinemáticas de Diablo III, las cuales llevan al límite todo lo expuesto en el apartado sonoro y el grafico, llevando al jugador a vivir una experiencia audiovisual del más alto nivel.

Conclusión
Diablo III es la respuesta a una larga espera para muchos jugadores. Quizá no es la que muchos esperaban, pero sí parece la acertada. Diablo III no es la cuadratura del círculo, aunque es una vuelta de tuerca a las mecánicas del género, que hacen que esta sea una entrega notable y que merezca ser jugada. De todas formas, no hay que olvidarse de los elementos más oscuros de esta entrega, como la obligatoriedad de estar conectado siempre para poder jugar o un planteamiento demasiado conservador en algunos aspectos del juego. Con todo, es el retorno del rey del género, aunque está por ver si su reinado se prolonga tanto como el de su antecesor.
Puntuación: 8
Diablo III está disponible desde 15 de mayo de 2012 para PC (59,95 euros)
Equipo de Pruebas
- Teclado: Logitech G105
- Ratón: Logitech G9x
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