1 noviembre 2016 Análisis, Aventura, Plataformas, Puzzles, RPG, Wii U

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Sería difícil resumir en tan pocas líneas la repercusión que ha tenido el personaje de Mario dentro de los videojuegos. Al fin y al cabo, ¿quién no conoce al personaje más popular de los videojuegos?

El fontanero italo-americano protagonizó su primera incursión en este mundillo en Donkey Kong, hace 35 años. Desde el momento en que su simpática personalidad arroyó el sector, ha protagonizado más entregas de las que podríamos contar.

Además, no sólo lo hemos tenido presentes en aventuras de plataformas con su característico scroll-lateral, sino que se ha incursionado en videojuegos de carreras de todos los estilos, videojuegos de deportes tan diferentes como fútbol o volleyball, videojuegos casuales, multitud de crossovers con otros personajes populares. Incluso tiene productos alejados de los videojuegos como series animadas, mangas, cómics occidentales y películas (no aquel horror de Live Action – olvidemos que eso pasó en algún momento).

Dentro de todos los spin-off de la franquicia, la saga Paper Mario es una de las ‘más jóvenes’, y una de esas que te hace pensar en la magia que aplica Nintendo a sus títulos. Comenzando en el año 2000 con una entrega para Nintendo 64, regresa en este 2016 con Paper Mario: Color Splash.

Si sois acérrimos seguidores del fontanero y de la compañía nipona, sabéis que crear nuevas mecánicas y aplicarlas a sus títulos está a la orden del día. Siempre nos sorprenden, siempre saben qué mecanismos tocar para hacer de una idea simple algo inolvidable.

En esta ocasión, Mario, Peach y Toad se enfrentan a una nueva amenaza del villano más popular de la franquicia. Al parecer, ha estado robando el color de zonas de todo el mundo y de los Toads de la Isla Prima. Además, se ha llevado las Maxiestrellas Iris de la isla, y necesitamos recuperarlas para devolver el color al mundo.

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Mario será quien se ponga a los mandos de este viaje epopéyico. No faltará una princesa secuestrada, aliados, misiones secundarias, y otro tipo de pruebas que harán de Paper Mario: Color Splash una enorme incursión del fontanero en nuestras Wii U.

Apartado técnico

La saga Paper Mario centra su estilo visual en el papel como vehículo sobre el que se mueven los demás elementos, con personajes en 2D desplazándose en entornos tridimensionales. El uso del papel y de otros sucedáneos para representar el mundo es magnífico, y nos ha garantizado una sorpresa bastante agradable.

Obviamente, Color Splash presenta texturas más definidas que la lejana aventura de Nintendo 64, con personajes también más grandes, escenarios más trabajados, y una mayor presencia del papel. Además, Color Splash no podría llevar tal nombre si el color no fuera parte indispensable dentro de su estilo artístico.

En consonancia con el argumento de este título, nuestro trabajo será el de pintar todo el universo para devolver el mundo a su estado natural. ¿Cómo se refleja esto en lo visual? Al más puro estilo Splatoon.

Mediante ciertas mecánicas que iremos aprendiendo según vayamos avanzando en el título, aprenderemos que Mario es capaz de golpear determinadas zonas para cubrirlas con pintura. Y hay que decir que las físicas en cuanto a la pintura resultan increíbles. Nuestro personaje puede golpear cualquier punto (incluso podemos martillearle la cabeza a Peach o a Toad), de tal manera que la pintura se extenderá sobre la zona golpeada. Verdaderamente, apetece simplemente ir por el escenario golpeándolo todo para ver cómo la pintura afecta al escenario.

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En Paper Mario: Color Splash podremos movernos en cualquier dirección, no reduciéndonos el movimiento al simple 2D. Los escenarios y las diferentes pantallas tendrán niveles de profundidad. El fondo estará lleno de ricos detalles (que, muchas veces, serán parte fundamental de los niveles).

Se cambian las plataformas por combates por turnos

En otro término, los combates de Paper Mario: Color Splash recordarán a anteriores títulos de la saga, pues cambiaremos las plataformas habituales por combates por turnos en los que deberemos enfrentar a los enemigos a base de cartas. Ampliaremos esto en la sección de Jugabilidad, de cualquier manera, pero es inevitable añadir que se ve bonito, tal y como se es el juego en general.

Color Splash tiene momentos donde la espectacularidad visual alcanza niveles exponencialmente altos, como en el uso de las ‘Cosas’ (invocaciones) que nos desplazan a escenarios alternativos y detallados, con guiños incluso a otras franquicias que nada tienen que ver con Mario (como Superman).

Definitivamente, esta entrega de Mario se especializa en entrarnos por los ojos. Esa es su mejor carta (nunca mejor dicho) y nos lo va a hacer entender desde que el inicio del juego hasta el final.

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Los enemigos no son demasiado variados en su base, aunque presentan pequeños detalles que los van diferenciando. Lo mismo sucede con los Toads, quienes forman el epicentro del juego, y que sólo cambian en cuanto a su color y personalidad.

La historia es resultona y divertida

La historia de Color Splash es resultona y divertida; previsible, pero eficaz. Los diálogos están bien llevados, con un humor presente en prácticamente todo. Se incluyen muchas bromas que hacen alusión al papel, a las figuras en 2D, al jugador e, incluso, a algunos términos apropiados únicamente para adultos (siempre llevados de manera infantil, obviamente).

El guion es excelente, en general, y muy bien acompasado tanto con el ritmo de las mecánicas como por el avance propio que el jugador vaya haciendo. Los personajes son agradables, tanto los propios aliados como los rivales.

Técnicamente, Paper Mario: Color Splash exprime mucho el potencial de Wii U. Hay alguna ralentización concreta en determinados puntos, pero no han sido demasiado relevantes.

Es un título bonito, y no quedaremos decepcionados por cómo se ve. El cómo se juega es otra historia.

Jugabilidad

El estilo visual es muy atractivo, como buen título de la franquicia Paper Mario. Sin embargo, siguiendo el camino marcado por la precuela para 3DS, Paper Mario: Color Splash puede no terminar de convencer en su jugabilidad.

Por un lado, encontramos la incursión en el estilo clásico de Mario, las plataformas, donde los saltos son los principales protagonistas. Los niveles transcurren de la manera más típica dentro de la franquicia, con diferentes alturas que deberemos ir sorteando para, en su mayoría, hallar una de las Miniestrellas Iris que hay repartidas por los escenarios. Hay otro tipo de recompensas según el nivel, pero los niveles no cambian por ellas.

Además, podremos hacer uso de la profundidad del escenario para ir sorteando cada etapa. Como buen título de Mario y, especialmente, de los que han ido saliendo para la consola Wii U, habrá multitud de objetos escondidos y de secretos ocultos que sólo podremos encontrar repitiendo y repitiendo cada fase.

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Tras los primeros minutos, encontraremos un martillo (guiño nostálgico), que nos servirá para golpear determinados objetos y descubrir secretos ocultos. Una vez hayamos conocido a Baldo, tendremos el poder de la pintura, con el que podremos pintar las partes blancas de los escenarios y así ganar determinadas bonificaciones. Esto forma parte intrínseca del título y será la única manera que tendremos de desbloquear el 100% en todos los escenarios.

A lo largo de cada nivel, encontraremos enemigos que podemos sortear, que podemos golpear o que podemos ‘pisar’. También pueden chocar con nosotros para dar pie a uno de los problemas más significativos de Color Splash: los combates por turnos.

Los combates por turnos pueden resultarnos simpáticos

Al tratar de innovar, se corre el riesgo de que dicha innovación se resuelta con torpeza y termine molestando más que agradando. En los primeros minutos, los combates por turnos pueden resultarnos simpáticos. Mediante el control táctil, en tres etapas, escogeremos las cartas que usaremos para atacar, las pintaremos para darles más fuerza y las lanzaremos al rival. Mientras las estemos pintando y escogiendo, los enemigos irán soltando comentarios burlescos sobre nosotros.

Aunque podamos alternar entre la pantalla táctil y los botones mediante el menú de opciones, resulta un sistema tedioso avanzada la aventura. Cuando hayamos pasado los primeros niveles, el tener que enfrentarse a cada uno de esos combates es un impedimento para repasar de nuevo cada fase. Evidentemente, los enemigos harán respawn y volverán a aparecer donde los hayamos derrotado. En algunos momentos no podremos evitarlos, por lo que habrá que pasar de nuevo por los turnos.

Y no es precisamente el hecho de que sea por turnos, sino porque es demasiado lento y aburrido. Tampoco tienen ningún tipo de estrategia. Acumularemos cartas (las mismas en la mayor parte de ocasiones) y sólo tendremos que escoger una al azar y lanzarla al rival. Dado que ninguno nos hará verdaderamente daño, si fallamos, sólo nos queda escoger otra y repetir. Así, cientos y cientos de veces en cada fase. En determinado punto, conseguiremos un objeto para evadir los combates por turnos, pero no es efectivo el 100% de las veces.

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Las invocaciones, o ‘cosas’, son divertidas y enormes, pero al no haber enemigos fuertes ni desafíos, se vuelven en un método molesto de alargar los combates. Las cinemáticas de dichas invocaciones no se pueden saltar, así que habrá que pasar por ellas cada vez que las usemos.

Hay enemigos que exigirán una invocación determinada, así que su uso se repartirá entre descubrir secretos ocultos por los escenarios, lo que es un punto añadido sobre la exploración, y enfrentar con las habilidades de dichas invocaciones a enemigos concretos.

Lo malo se da en que nos dirán, antes de cada combate, qué invocación destruirá a qué enemigo, por lo que no hay ningún tipo de estrategia. Además, si utilizamos erróneamente una invocación en un mal momento del juego (tal vez la hayamos usado en un combate anterior), tendremos que regresar al punto en el que la conseguimos para hacernos de nuevo con su carta, o comprarlas por un módico precio en Puerto Prisma. Al final, resulta en perder bastante tiempo por cometer un error tan minúsculo.

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Algo que no sabemos si es bueno o malo, y que dependerá de cada uno, es que Color Splash no deja de enseñarnos mecánicas incluso tras haber superado las seis o siete horas de juego. Mecánicas que no quedan del todo claras en algún caso, y mecánicas que sólo podremos usar en determinadas zonas.

La más llamativa y la realmente relevante es el Corte, técnica que usaremos para ‘recortar’ una parte del escenario con el pad, para desplazarnos a una sección, en principio, inalcanzable. Estos momentos son muy puntuales y se nos señalizarán adecuadamente…

Color Splash presenta multitud de mecánicas diferentes

… o eso considera el juego. Realmente, es muy difícil saber en qué zonas necesitaremos usar el corte. Si pulsamos la ‘X’, Mario hará una pequeña animación y la zona de corte se iluminará, pero si no estamos en un punto determinado, no podremos pasar a esa ‘otra dimensión’ y hacer uso del corte. No llega a ser una molestia, pues fomenta la exploración, mas puede llegar a frustrar.

Además de eso, Color Splash presenta otro tipo de funciones, como el clásico ‘Piedra, papel, tijera’ o los ladrones, que nos obligarán a revisitar zonas viejas para detener a ciertos enemigos de robar el color de dichas zonas. Más allá de eso, tendremos fases de persecución, niveles acuáticos (de los mejores que hemos visto), y muchos, muchísimos, guiños a entregas pasadas de Mario, tengan o no que ver con la saga Paper Mario. Dichos guiños están bien disimulados, pero resultan un atractivo extra.

Sonido

No hay mucho que destacar dentro de Color Splash, salvo el abundante uso de efectos en los escenarios y la música, una maravilla que acompañará cada momento.

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Durante los combates, las melodías irán en consonancia con la situación del combate. Si perdemos mucha vitalidad, el sonido se apagará, irá más lento, bajará el volumen… pero recobrará la animosidad una vez más en cuanto nos recuperemos.

Realmente, está bien logrado y ojalá pudiéramos decir algo más. Sus canciones ambientan, sin más, y son correctas.

Conclusión

Paper Mario Color Splash es un título bastante ambiguo. Sus niveles de plataformas, su exploración y, sobre todo, su excelente humor es de lo mejor que encontramos en la consola Wii U. El juego nos invita a participar en cada conversación para ver con qué locuras nos atacan los personajes (Toads que se suicidan tras gritos épicos, Toads que emprenden viajes para encontrarse a si mismos, Toads que se clavan en la pared para que el viento no los sacuda, o, sin ir más lejos, un Baldo que es hijo de Lata y Bote… Maravilloso).

La historia es sencilla y simple, pero consigue meternos en el mundo de papel y pintura que nos presenta Mario. Como siempre, Mario no dirá ni palabra, pero el apoyo que nos darán los personajes secundarios es impecable. Especialmente, Baldo es lo que no fue Tina: un personaje profundo, interesante, cómico y que llevará de buena manera la gran mayoría de las situaciones.

Una tarjeta dorada a los guionistas que tan bien han sabido implementar el humor dentro del título. Incluso la localización es fantástica.

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Lo malo es que los combates no se han aplicado de buena manera. Hay demasiados, convirtiéndose en una molesta cuando lo que nos interesa es avanzar a través de los niveles de plataformas y a través de la historia. Rompen el ritmo innecesariamente y son extremadamente fáciles, incluso contra los enemigos finales. Llegado a cierto punto, podremos sortear algunos, pero sigue siendo una molestia que se va exacerbando según avancemos.

Tendremos multitud de variedad en cuanto a las mecánicas y estaremos aprendiendo constantemente. El modo corte, el ‘piedra, papel, tijera’, los escenarios que recuerdan a Super Mario Bros. 3… todo ello, dentro de un cóctel que los más nostálgicos agradecerán y recordarán.

En esta recta final de Wii U, Color Splash es uno de los encargados de lograr las últimas ventas de la consola. Es tiempo de pensar si los combates por turnos os suponen un problema grande… Grosso modo, sólo por la historia y por el excelente humor merece mucho la pena.

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Paper Mario: Color Splash está disponible en exclusiva para Wii U (36,99€).

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