10 mayo 2017 Análisis, Nintendo Switch, PC, Plataformas, PS4, Xbox One

Yooka-Layle

Si en los años 90, cuando la lucha entre Nintendo y Sega estaba en su punto álgido, nos hubieran dicho que en el futuro una gran parte de los videojuegos más populares los desarrollarían equipos minoritarios con un menor soporte económico, probablemente habríamos hecho oídos sordos ante los comentarios de tan inoportuna premonición.

Pero no hubiéramos hecho más que ignorar algo que, en 2017, es una realidad: los videojuegos indie, como los llamamos ahora, trascienden, en muchos casos, a las superproducciones. Es difícil imaginar el paso del gremio de los videojuegos sin títulos como Assassin’s Creed, Mass Effect, Fallout o The Last of Us. Han marcado a varias generaciones al mismo tiempo y, independientemente de lo malos o buenos que sean, tienen el beneplácito de una red de seguridad bajo ellos a las que las propias desarrolladoras pueden recurrir en caso de que las ventas no sean suficientes para los que esas empresas esperan ganar.

Sin embargo, la problemática actual con los videojuegos indie radica precisamente en eso, en esa falta de red de seguridad. Publicar un videojuego indie que no proviene de una empresa popular o de una marca registrada y conocida mundialmente, es un salto al vacío. No se sabe qué será de él, si será aceptado por el público general, si significará algo a nivel mundial en cuanto a repercusión o si será capaz de recuperar la inversión que el título tomase. Tampoco saben si será un estrepitoso fracaso que desembocará en que la desarrolladora se hunda como se han hundido otras antes al vender proyectos mal encarados. Es un disparo al aire, una zambullida sin saber si hay agua. Es una ocasión similar a la disyuntiva entre tomar la pastilla azul y despertar en la cama, o tomar la pastilla roja y ver hasta dónde llega la madriguera de conejos.

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Los videojuegos indie siguen parámetros propios, y muchos de ellos han reinventado nuestra propia concepción de los videojuegos: Journey, Limbo, Inside, The Binding of Isaac, Terraria, Undertale, Super Meat Boy, Braid, Slender, Hotline Miami o, no podemos dejarnos el más relevante, Minecraft. Jugabilidad conceptual, libre o sencilla; mecánicas fáciles o difíciles; historias intrigantes o ausencia por completo de hilo argumental. Los indie han acaparado el mercado y han desplazado, en muchas ocasiones, a los videojuegos AAA. No se han contentado sólo con obtener su propio altar, sino con relegar a los que creíamos los más conocidos. ¿A qué puede deberse esto? ¿Al criterio del público, que considera a los indies mejores, o al aspecto económico, teniendo en cuenta que todos los indie suelen salir a un precio reducido? Tal vez sea la curiosidad por ver cómo trabaja un estudio independiente o a la poca confianza en las grandes empresas. En cualquier caso, los indie entraron por una dirección que nadie esperaba y se extendieron antes de que nadie pudiera percatarse de su presencia.

Hay indies que nos devuelven a una época del pasado, que nos provocan frustración o que nos proporcionan algunas experiencias extrasensoriales (Beyond Eyes, 2015). En este caso, el que trataremos hoy, la intención es retrotraernos a una generación donde los videojuegos de plataformas eran una referencia, el género más grande, más querido, más apreciado y con mayor relevancia. Si disfrutaste con Crash Bandicoot, Spyro The Dragon, Rayman 2: The Great Escape, Jak & Daxter o Super Mario 64, probablemente encuentres un cierto placer en el título que analizaremos en esta ocasión. Pero ninguno de esos videojuegos llegará a representar de manera fidedigna lo que hoy veremos, especialmente, si no hemos citado a la máxima aspiración: Banjo-Kazooie.

Banjo-Kazooie es un videojuego de Nintendo 64 que mejoraba la fórmula presentada por Super Mario 64. Cogía elementos de la aventura de Mario y añadía algunas funciones extra que no habíamos visto hasta el momento, como transformarse en criaturas o combinar los poderes de los dos personajes principales: Banjo, un oso, y Kazooie, un pájaro. Y si automáticamente habéis pensado en Yooka-Laylee al leer esto, pensáis con bastante acierto e igual que los desarrolladores.

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Yooka-Laylee sigue la misma premisa que Banjo-Kazooie (se le considera su secuela espiritual) en cuanto a la dupla protagonista. Toma la perspectiva de utilizar a un personaje mientras un segundo sostiene el argumento a través de conversaciones entre los protagonistas o salidas de tono en una dirección u otra. También nos da acceso a determinadas habilidades… pero eso podemos verlo más adelante.

Este simpático videojuego indie de plataformas, desarrollado por Playtonic Games, nos da el sabor más clásico en cuanto al género. Volvemos a los colores vivos, al mundo en 3D, al humor, a los personajes excéntricos y a la exploración. Volvemos a recoger útiles por los escenarios enormes, a caminar hacia el jugador al inicio de los niveles para descubrir algún objeto culto, a regresar a determinados niveles porque un secreto no era accesible si no contábamos con una habilidad que se obtenía a posteriori.

Playtonic Games tiene a algunos antiguos trabajadores de Rare (Rareware), y se nota a la hora de aplicar los conocimientos en Yooka-Laylee. Es muy sencillo sentirse de nuevo en el universo de Banjo y Kazooie, a pesar de las evidentes diferencias. Yooka y Laylee, un camaleón macho y un murciélago hembra, serán los encargados de completar la aventura. Para ello, los ayudaremos en la búsqueda de las Pagies, las páginas de un libro mágico que conformará el pilar central del videojuego.

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Veamos cómo funciona en el papel. Y nunca mejor dicho.

Aspecto técnico y Jugabilidad

Estamos ante un videojuego de plataformas en 3 dimensiones. Sencillo de entender al echarle un vistazo por encima, ¿verdad?

Si estuvisteis presentes en el mundo de los videojuegos entre los 90s y la pasada década, probablemente ya estaréis acostumbrados a todas las mecánicas que presenta Yooka-Laylee, y no hago alusión únicamente a lo que conllevan los saltos, los doble-saltos, los enemigos repartidos por los escenarios o los jefes finales. Yooka-Laylee resulta tan familiar que sabremos todos y cada uno de sus secretos, resultando en un título con una carencia tan grande de sorpresa que sentiremos cómo nos reencontramos con un viejo amigo… a pesar de no haberle conocido nunca.

Yooka-Laylee, como ya hemos mencionado, se asemeja a videojuegos como Jak and Daxter, donde tendremos un mundos semi-abiertos para recorrer y un sinfín de recompensas a lo largo de los diferentes niveles. Realizando las numerosas tareas secundarias o explorando los confines de cada uno de los mundos que visitemos, conseguiremos completar el juego al 100%. Sin embargo, no es tan fácil como parece.

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El sistema en el que se divide Yooka-Laylee para presentarnos su universo es a través de mundos conectados que podremos visitar indistintamente. Cada uno de ellos, una vez completado, nos proporcionará una habilidad especial que deberemos incorporar a nuestro gameplay para superar los mundos siguientes. Como base, contaremos con los movimientos clásicos en un juego de plataformas (el salto y el doble salto). Tras la primera conversación con Trowzer, mientras completamos el tutorial, obtendremos la primera habilidad (el golpe) con el que podremos abrir cofres y otros elementos. Luego, el mismo Trowzer nos irá ofreciendo habilidades a medida que se desarrolle la aventura. Podremos hacer uso de Laylee para recorrer ciertas distancias volando, saltar y caer al suelo para crear una onda de choque o volvernos un ovillo para subir por pendientes demasiado pronunciadas.

Completar Yooka-Laylee al 100% puede llevarnos alrededor de 20 horas

Gracias a estas habilidades no sólo salvaguardaremos los obstáculos del camino, sino que podremos esquivar a enemigos o encontrar huecos en el escenario que nos abran las puertas para revelar todos los secretos del mapeado. Los mundos dentro de Yooka-Laylee son suficientemente grandes como para tirar bastante tiempo en tratar de explorarlos por completo y, por más de un motivo que preferimos no adelantar, este título premia la exploración. Eliminando el factor de las cinemáticas o de las secuencias de diálogo, completar la historia puede llevarnos alrededor de 20 horas, cumpliendo los objetivos primarios y recolectando las Pagies, el epicentro de Yooka-Laylee. Si a eso le sumamos una hora más por mundo para terminar el juego al 100%, tendremos una cantidad de horas finales aceptables por las que pagar mientras saboreamos tanto el aspecto principal del título como ciertos minijuegos extras.

Hay mucha variedad en lo que respecta a las misiones, y en un momento podemos estar atravesando rayos de luz como descendiendo a través de interminables caídas con bombas, pasando por medio de cenagales o de máquinas de arcade gigantes. Tomaos un tiempo para disfrutar de los escenarios, especialmente cuando estéis por la segunda vuelta del título.

A diferencia, además, de otros videojuegos similares (Plataformas en 3D), en este veremos un mundo absolutamente maravilloso lleno de luz y de color, destacable más en personajes y en la propia condición de los escenarios en los que nos moveremos. Si mencionamos que corre a unos 1080p y a 60fps, con algunas bajadas minoritarias que achacamos a fallos puntuales y no a anomalías generales, se vuelve todavía más atractivo.

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Pero no todo es miel en el tarro de Winnie. Hay dos cosas pésimas en este título, y una de ellas está relacionada directamente con algunos de esos videojuegos de los 90s. Atribuimos esta problemática a los títulos de los 90s porque, en aquel momento, se estaba comenzando a explorar con las posibilidades que ofrecían los mundos abiertos en los títulos de plataformas en 3D. Sin embargo, tantos años después, ¿todavía es lógico que la cámara no se haya ajustado de manera correcta?

La parte emponzoñosa de la cámara es que la situación que nos ofrece respecto a los personajes suele solaparse con algunos de los objetos de los escenarios. No es algo relevante durante los momentos de exploración, pues vamos con más calma, pero cuando hay que resolver pruebas de rapidez o combatir a varios enemigos al mismo tiempo, la cámara se vuelve un mal sueño del que se esfuerza uno por escapar.

¿Lo peor de Yooka-Laylee? No se pueden saltar las cinemáticas

De los dos, no es el mayor de los problemas y, aunque suscite ciertas complicaciones durante el juego, queda muy por detrás del mayor problema del juego: las cinemáticas, a la que se le suma la abundancia de diálogos.

Decir que hay muchísimos títulos donde las cinemáticas no pueden saltarse sería situarse en un plano bastante alejado de la verdad: no hay muchísimos títulos, pero sí hay videojuegos con repercusión que insisten en ofrecernos unas secuencias que no se pueden omitir de manera alguna. En títulos como The Last of Us o Braid, donde la narrativa tiene un aspecto primordial, sería apropiado que nos obligaran a presenciar los vídeos (no en todos los casos). Sin embargo, en una aventura de plataformas con tantas posibilidades de rejugabilidad, ¿por qué no nos dejan pasar los vídeos para poder disfrutar del aspecto plataformero de Yooka-Laylee? No, no se puede saltar ninguna de las cinemáticas ni de las secuencias. Es algo que debéis tener en cuenta si os interesan el resto de elementos.

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Por otra parte, nuestros queridos amigos Yooka y Laylee estarán hablando durante todo el videojuego. Hablarán en secuencias, en pequeños diálogos, en medio de los momentos plataformeros… Si no se encuentran dentro de conversaciones, nos importunarán con esos ruidos onomatopéyicos que pretenden imitar el lenguaje humano. No hay descanso para disfrutar del silencio de los mundos o concentrarse en una tarea para recordar qué secciones hemos explorado y cuáles no. Laylee, especialmente, no se va a callar, y es un detalle que ha supuesto la marcha de muchos de esta aventura de plataformas.

Playtonic Games sigue trabajando en un parche que mejore la viabilidad de la cámara y, se supone, los diálogos entre los personajes, aunque todavía no se ha hecho público.

Conclusión

Yooka-Laylee representa el sabor más clásico e inolvidable de los videojuegos de plataformas en 3D… aunque, desgraciadamente, es incapaz de alejarse del espectro de aquella época.

Es sorprendentemente largo y con un amor especial tanto por los secretos como por los objetos ocultos en los escenarios. Tiene muchas sorpresas, una serie interesante de guiños a otras franquicias (como Shovel Knight) y una jugabilidad muy divertida. Contiene todos los elementos propios de un videojuego de esta guisa: multitud de saltos, minijuegos, fases de puzles o de habilidad, fases bajo el agua, enemigos fácilmente sorteables… Yooka-Laylee tiene todos los ingredientes necesarios para resultar una aventura extraordinaria.

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Lo negativo en Yooka-Laylee es que no se puede alejar de los videojuegos que, evidentemente, le inspiran. No sería malo si no fuera porque también arrastra todos los fallos que tuvieron aquellos videojuegos, fallos excusables si siguiéramos en los 90s, pero difícilmente justificables en 2017, como lo injusto de la cámara. Y no nos referimos únicamente a Banjo-Kazooie (el cuál es una evidente precuela espiritual del que Yooka-Laylee no quiere ni puede desprenderse), sino a los otros videojuegos de aquel momento.

Pero todos estos fallos son circunstanciales y no afectan al grueso del videojuego. Yooka-Laylee sigue siendo divertido, directo en su gameplay y largo, los principales requisitos que se les piden a los títulos plataformeros. En ese sentido, no decepciona y es tan recomendable como nos interese el género.

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Yooka-Laylee está disponible para PlayStation 4 (34,90€), Xbox One (34,90€), y PC, a través de Steam (39,99€). Próximamente, estará disponible una versión para Nintendo Switch.

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