El objetivo principal de estos juegos es acabar con todos los enemigos que aparezcan por la pantalla, de todas las formas tanto imaginables como ficticias. Su eliminación suele otorgar diversas recompensas que ayudan a progresar en el juego y en ocasiones existe la posibilidad de hacerlo con ayuda de uno o más compañeros.
En la actualidad brillan por sus modalidades en línea, que llegan a reunir a centenares de usuarios simultáneos en batallas caóticas de ritmo frenético. No obstante, estas mismas han reducido los legendarios trucos que había tradicionalmente en estos títulos para ofrecer un juego justo.
Cada consola se ha conseguido su propio juego insignia exclusivo que se convierte en referente de los avances tecnológicos de la plataforma, e incluso a veces se han llevado a la gran pantalla.

Siempre se escuchan quejas y ciertas reticencias por una parte de los usuarios que miran con recelo toda expansión o producto adicional de una serie determinada. Ubisoft ha pasado de todo eso y ha aprovechado Far Cry 3 para hacer una locura, para crear algo diferente.
Blood Dragon recoge el testigo de Far Cry 3, su concepto de libertad y expande su componente de locura a algo infinito con una oda a los ochenta, dirigido a todos los que rozamos los 30 o hace tiempo que los pasaron. Imaginad un presente alternativo con una tecnología superior a la actual, pero estancados en esa década a nivel visual. Eso es Blood Dragon, una puta locura con luz de discoteca.
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