Lo primero que se me vino a la cabeza cuando empecé una partida de Beat the Beat: Rythm Paradise fue: este tipo de juego sólo lo hacen los japoneses. Y es cierto.
Tanto la propuesta, desenfadada y directa, como el sentido del humor empleado en el mismo, en ocasiones bastante absurdo lo confirman.
Además la estética tan descaradamente minimalista con trazos simples y limpios no deja ningún lugar a dudas: estamos ante un producto diferente y único que sólo puede salir de un país: Japón.
Juegos como Wario Ware, también de Nintendo, ya han demostrado desde hace muchos años que este tipo de diversión tienen bastante aceptación, no solo dentro de su país, sino también fuera, aunque sí es cierto que las ventas internas nunca serán comparables.
Y es que para el desarrollador de esta tipología de juegos lo importante nunca va a ser la parte técnica ni los polígonos que va a necesitar mover la consola. Su único objetivo es la diversión pura y directa ya sea mediante minijuegos de 5 segundos o mediante pruebas, en ocasiones absurdas, en las que el ritmo es la clave para su consecución.
Por desgracia los títulos de este tipo son una cantidad bastante mínima y los que consiguen salir de Japón mucho menos. El usuario occidental suele ver con recelo este tipo de propuestas ya sea por falta de atracción (la parte técnica no invita a jugar sólo con verla) o porque hay otros géneros que son los que hoy día se llevan el gato al agua.
Suerte que en Nintendo de vez en cuando se les va la olla y nos ofrecen títulos que a simple vista pasarían por una app de móvil pero que en su interior esconden mucho más de lo que podemos ver en la superficie.
En un sector inundado de fps y juegos deportivos de vez en cuando un soplo de aire fresco nunca viene mal.

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