17 noviembre 2016 Conducción, Curiosidades, Especial, PC, PlayStation VR, PS4, Xbox One

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Vamos a especial el regreso de la franquicia Moto Racer 4 para comentar apropiadamente uno de los aspectos más discutidos y utilizados dentro del mundo de la conducción. Evidentemente, hablamos de videojuegos.

La propulsión esporádica que sentimos al mando del piloto tras mantenernos detrás de alguno de los rivales durante un cierto tiempo se llegó a discutir bastante en su momento. Al fin y al cabo, para todos los que no son absolutos fanáticos del mundo del motor, el desconocimiento sobre este ejercicio de sublime habilidad puede llevar al equívoco a la hora de juzgar.

En la época de los primeros títulos que presentaban el rebufo entre sus particularidades, parecía destacarse más como una técnica especial (propio de los títulos más arcade) que de la propia simulación o de la conducción real. Pero no: el rebufo es algo presente en las competiciones de élite, y es una práctica tan sumamente delicada que puede acarrear la muerte de un conductor. Evidentemente, en la vida real.

Desgranémoslo de manera sencilla para no meter los pies demasiado en este fango de física.

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En primer lugar, hay que tener claro el concepto resistencia aerodinámica. Es tan sencillo como saber que todo vehículo en movimiento ha de vencer la resistencia que ofrece el aire mientras tratamos de ‘atravesarlo’. La resistencia aerodinámica es la oposición que ofrece el propio aire ante nuestro movimiento.

Los vehículos se mueven atravesando ese fluido y, aunque evidentemente no podemos eliminar la resistencia por completo (esto no es del todo cierto, pero vamos a dejarlo ahí), hay determinados factores que nos permitirán una mejor aceleración o velocidad punta, como la ergonomía del vehículo o la altura a la que esté situado el chasis. Los morros con poca altura o con cierto nivel de ascensión o permitirán mejor el paso del aire alrededor.

Al tratar de vencer esa resistencia, se crea un túnel de viento aerodinámico, es decir, un espacio tras el vehículo completamente libre de aire.

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Para haceros una mejor idea, poned una lata debajo de un grifo de agua. Al golpear la lata, el agua se desvía ‘alrededor’ de la lata, y cae en cascada, dejando un margen ‘bajo’ la lata sin que la toque el agua. Lo mismo sucede en la automoción.

¿Qué sucede en ese túnel de viento? Dado que no existe resistencia al aire, no se requiere tanta potencia (gasto energético para vencer la resistencia); luego, ¿qué sucedería si otro vehículo, a la misma velocidad y con menor gasto energético se pusiera en ese túnel de viento? Al fin y al cabo, la maniobrabilidad dentro de ese campo sería mucho más sencilla.

El rebufo nos permite realizar maniobras de adelantamiento más rápidamente

Sencillo: se aprovecharía de ese túnel para poder descender su potencia, mantener la misma velocidad y acelerar, esta vez sin resistencia del aire y sin gasto de energía extra, lo que facilita el adelantar en curvas o pendientes.

Bien, es obvio decir que un túnel de viento no dura eternamente, ni es demasiado largo incluso. Y, al tener en cuenta sus características, es un buen reclamo para muchos pilotos. Pero una hazaña peligrosa, dado que, para tener éxito, hay que aproximarse todo lo posible al vehículo rival.

Lo malo que tiene, además del hecho de tener que aproximarse al rival todo lo posible (lo que podría acarrear serios golpes), es que entraremos en bucle cuando el otro piloto entre en el túnel de viento aerodinámico que hemos formado nosotros con nuestra aceleración.

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Es una explicación sencilla y directa de un tema algo más complejo (si algún físico nos lee… lo siento, lo hice lo mejor que pude), pero ha quedado claro que el ‘rebufo’ no es ninguna técnica especial, sino una mera cuestión de física y habilidad.

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