15 septiembre 2016 Minijuegos, Opinión, RPG

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Todavía hoy en día, más de quince años después, aún encuentro la ilusión al naufragar entre las cartas y las normas de uno de los mejores minijuegos en la historia de Final Fantasy.

Desde que saliera al mercado en 1999, Final Fantasy VIII fue criticado desde múltiples ángulos: de materias al sistema de enlaces; de invocaciones poderosas a invocaciones con habilidades; de un sempiterno Cloud y su trastorno de identidad disociativo a Squall y sus problemáticas adolescentes; de un plantel de personajes diversificado a un grupo de soldados de élite (y Rinoa); de una co-protagonista femenina que muchos aclamaron durante las décadas siguientes a una co-protagonista que roza la estupidez en algunos momentos; de un villano como Sephiroth, una leyenda entre leyendas, a Artemisa, un villano comodín.

Estos argumentos, y otros, fueron los utilizados por los detractores de Final Fantasy VIII para reducir el impacto que este tuviera en el público general. Sin embargo, un servidor siempre fue un fiel seguidor del grupo de Seeds, de Laguna y sus dos amigos, del romance presente en la historia, de la enorme variedad de invocaciones, de la libertad a la hora de decidir cómo jugar, del sistema de límites.

Se sumaron los que decían que Final Fantasy VIII no tenía minijuegos al nivel de Moto-G, las Carreras de Chocobos, la Lucha 3D o las Campañas de Fuerte Cóndor. Pero mientras que todos esos eran puntuales y, salvo un detalle con las Carreras de Chocobos, ninguno presentaba verdadera importancia durante el transcurso del juego, Final Fantasy VIII jugó su mejor carta: Triple Triad.

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¿Qué significa Triple Triad dentro del vasto universo que acoge la octava entrega?

Su propósito real era más cercano a la arquitectura propia del videojuego que ningún otro minijuego de corte similar presente en la aventura anterior. En este caso, Triple Triad se diseñó para servir de apoyo a la pieza central, actuando como un soporte de cuatro esquinas que suplementaba las acciones de nuestros personajes.

Cada carta conseguida podía convertirse en objetos, cuyos propósitos iban variando, desde aumentar las habilidades de nuestros personajes hasta proporcionarnos magias en puntos adelantados de la aventura a las que no tendríamos acceso de otra manera. Esto, combinado con el uso de otras habilidades, podría convertir una aventura como esta en un tranquilo paseo… si contábamos con la experiencia adecuada y si sabíamos administrar correctamente la transformación de las cartas, algo inalcanzable para quien juega por primera, o incluso segunda, vez.

Fuera de su propósito, encontrábamos en Triple Triad una excusa para detenernos y alejarnos de batallas, de giros de guion, del desarrollo de personajes (al menos, de los que contaban con él), y nos permitía relajarnos sobre el tapete contra casi cualquier personaje del videojuego. Este minijuego, además, contenía sus propias mini-historias, la Cofradía CC y la Reina de las Cartas.

Triple Triad contenía sus propias mini-historias: Cofradía CC y la Reina de las Cartas

El coleccionismo es una amante complicada en FFVIII, dado que muchas de las cartas no se consiguen simplemente derrotando enemigos. Había que tener los ojos abiertos para seguir las pistas, comprobar posibilidades y, tal vez, aprender que, ”si perdemos algo, ganaremos el doble”.

Triple Triad llegaba a ser una amalgama perfecta entre diversión y desafío, tanto por el entretenimiento que suponía como para la cantidad de normas o de dificultades que encontraríamos a lo largo de nuestra aventura.

Y, una vez completado el mazo… la sensación no podía ser más gratificante.

A día de hoy, no sólo existe el popular minijuego dentro de las diferentes versiones de FFVIII (Playstation, PS Store, PC, Steam), sino que se ha creado un popular juego online que sigue presentando un número creciente de jugadores nostálgicos. Además, se ha versionado en los diferentes sistemas operativos e, incluso, se comenzó un proyecto llamado GL Triad, que emulaba las características del videojuego original y separaban el minijuego de este. Hemos llegado hasta el punto de que, incluso, se han lanzado diferentes versiones en formato físico, junto a un tablero que recrea el visto en el videojuego.

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Final Fantasy VIII puede ser el mejor o el peor Final Fantasy en toda la franquicia (dejaremos este debate para otra ocasión), pero no se puede negar que Triple Triad tiene un hueco reservado en el olimpo de los minijuegos.

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