Otro Tokyo Game Show que acaba.
Como siempre ahora todos empezamos a valorar lo presentado, las ausencias que cada vez se hacen más evidentes, la abrumadora presencia de juegos para móviles y tablets, la más que evidente falta de propuestas originales más allá de secuelas y más secuelas de éxitos seguros…
Pero esta vez, al menos a mí, no me ha cogido por sorpresa. Hoy no os voy a hablar de decepción: ya me lo esperaba.
Más alla del innegable valor que, aun con todo, esta feria sigue teniendo en nuestro sector, hemos de aceptar que las cosas han cambiado. La industria (y aunque no queramos reconocerlo, nosotros también) ha crecido y madurado y algunos no llevan bien eso de cumplir años.
Lejos quedan las irrepetibles presentaciones en las que el aforo al completo gritaba de alegría ante la presentación de un nuevo Legend of Zelda o Final Fantasy. Está claro que lo que quiere (o puede) ofrecernos la industria y lo que el sector hardcore le pide no está en mucha sintonía en la mayoría de los casos.
Hemos podido ver vídeos de juegos de los que ya teníamos constancia como Yakuza 5, Metal Gear Rising, Soul Sacrifice, Remember me, Puppeteer… pero no ha habido ningún título nuevo que haya impactado de manera evidente.
Evidentemente cada vez más las compañías se guardan sus lanzamientos estrella para eventos individuales en los que son los únicos protagonistas y se llevan todos los focos.
Puede que para una persona que lleve poco en este mundillo esto no sea una sorpresa. Para los que llevamos unos años (bastantes) a cuestas sólo nos queda sentir una cierta nostalgia.

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