
Pocos entenderían la historia de Sega sin el erizo azul.
Sonic nació en 1991 de la mano de Naoto Ohshima quien junto a Yuji Naka y el resto de trabajadores de AM8 tuvieron el encargo por parte de Sega de realizar un juego que rivalizara con el todopoderoso Mario Bros.
Después de varios bocetos finalmente se decidieron por el erizo que a partir de ese momento se convertiría en la mascota de la compañía y sería el protagonista de infinidad de juegos en multitud de plataformas.
Pero uno de los juegos que más recordarán sus seguidores es el aparecido en Mega Drive que fue el comienzo de su larga carrera: Sonic the Hedgehog era un juego fresco, divertido, vertiginoso (para la época, claro) que conseguía alejarse del halo infantil que muchos siempre han visto en las aventuras del bigotudo Nintendero.
Melodía pegajosas y llamativas (que aun hoy recuerdo) y fases bien planteadas con millones de anillos que recoger y montones de animales que liberar de las manos del malvado Robotnik, su archienemigo.
El éxito fue rotundo y Sega consiguió lo que pretendía: un personaje con carisma que se convirtiera en santo y seña de la compañía y que, aunque casi nunca consiguió superar a la competencia, era un digno competidor.
La saga ha tenido altibajos bastante evidentes aunque con la vuelta a los orígenes de Sonic the Hedgehog 4 ha vuelto a recuperar parte de lo perdido en el camino.
A Sonic lo hemos visto en infinidad de spin off aunque quizá ninguno haya sido tan divertido como las andanzas plataformeras que, desde 1991, han enganchado a millones de usuarios.
Sonic es un juego que se ha ganado el derecho de estar entre los mejores exponentes de una de las épocas doradas más importantes de este nuestro hobby preferido.
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