30 septiembre 2012 Industria, Opinión

Crisis. Esa palabra que desde hace unos años ya es parte fundamental de nuestras vidas. No hay noticiario, periódico o tertulia en la que no hablen o hablemos de la maldita situación económica.

Hay sectores en los que esta ha sido más benévola (que se lo digan a Apple que ni siquiera lo ha notado, al revés le va mejor que nunca), como es el del ocio electrónico. Pero finalmente ha sido alcanzada por sus garras.

Los estudios no pueden sufragar los altos costes que la generación HD ha imprimido en todos y cada uno de los proyectos. Pocos son los que han podido seguir el ritmo. Eso se nota, y bastante, en la calidad de muchos títulos.

Pero cual oasis en medio del desierto del Sinaí ha aparecido lo que parece ser la tabla de salvación para muchos: financiación a través de proyectos Kickstart. O lo que es lo mismo crowdfounding.

Multitud de compañías se han lanzado a esta manera de conseguir financiación a través de terceras personas, normalmente usuarios anónimos que, con su granito de arena, contribuyen a que un proyecto que les interesa llegue a buen puerto.

Es sorprendente como, sólo días después de la presentación de una de estas iniciativas, ya han alcanzado las astronómicas cifras de millones de dólares necesarias para que el mismo salga adelante.

En ocasiones al “inversor” se le ofrece acceso en primicia al título, descuentos y demás beneficios por haber aportado su granito de arena.

Todo muy bonito y hermoso pero… ¿qué ocurre si el proyecto finalmente no llega a buen puerto? ¿Se pueden producir intentos de estafas enmascarados en este tipo de proyectos? ¿Se devolverá el dinero? ¿Es posible que se haga?

Muchas preguntas sin contestar. Quizá el que dona el dinero tampoco le importa. Al parecer les sobra.

Porque con la situación que atravesamos en el mundo entero me sigue sorprendiendo la cantidad de dinero que muchos son capaces de donar a proyectos de este tipo. Pero claro… así nos va.

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