
No es un tema nuevo que las compañías desarrolladoras quieran realizar los juegos que les dé la gana y de la forma que quieran. Lamentablemente las editoras son, casi siempre, las que sueltan el dinero para que el desarrollo llegue a buen puerto, por lo que son ellas las que dictan las reglas del juego.
Por eso, cuando una empresa programadora termina su contrato con la editora en cuestión se sienten aliviados ya que son, en parte, libres. A partir de ahí pueden tener opción de, o bien seguir por su cuenta, trabajando en lo que verdaderamente quieren, o unirse a otra editora que les ofrezca mejores condiciones.

